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lunes, 15 de junio de 2020
El romance como estilo de vida
El romance como estilo de vida
Autora: María Alejandra Vidal Bracho
Publicado en Revista Co.incidir de Junio 2020 y en Sitiocero
Pocos son quienes se
auto consideran poseedores de una vida perfecta, los demás, generalmente,
estamos entre las barreras de una vida común que contiene un poco de todo y, a
veces, lamentablemente, para algunos, tiene más de malo que de bueno, o eso es
al menos lo que se siente o se cree. Un viejo refrán dice: “no hay mal que por
bien no venga”, es tan difícil de aceptar esta postura, sobre todo en ciertas
circunstancias que, miradas desde cualquier ángulo, resultan ser atroces; cuando
nos apresan las tinieblas y sentimos que nuestras creaciones caen alrededor, mientras
nos invade el dolor de la pérdida. Al sentirnos extraviados en nuestro propio mundo individual, el cual creíamos conocer tan
bien, hasta que un infortunio nos sorprende y nos azota el miedo provocado por
la incertidumbre. Qué hacer, cuando somos atacados por una situación triste, desconsoladora,
inesperada, que nos remece y ante la cual sólo nos queda esperar el desenlace
de los acontecimientos.
En este punto, es que puede
ser terapéutico, para nuestras almas, tener una mirada romántica de las formas,
apreciando, en el día a día, las cosas más simples de la existencia, las que
aún nos quedan. A mí, en lo particular,
me parecen fascinantes ciertos hechos
que componen la vida cotidiana: un cordel con ropa recién lavada que se
seca en el patio, al vaivén del aire, al antojo de la humedad y del calor sol, encierra
tanta belleza. Durante el sereno, saber
que si la dejamos colgada toda la noche la luz reflejada por la Luna la purificará bajo
la contemplación brillante de las estrellas; luego disfrutar de la fragancia de
esa ropa cuando se haya secado; doblarla, plancharla, guardarla como promesa de
un nuevo día, en que cubrirá nuestro cuerpo con su calor o frescor según sea su
génesis. El aroma maravilloso del pan recién horneado; el proceso de amasarlo
con la ilusión del principiante en las lides de la cocina o con la destreza del
que lleva años en este sabio y generoso quehacer. La sincronía de recibir ese inesperado
mensaje o llamado telefónico de quien habíamos estado, hace poco, recordando. El olor a tierra mojada después de
una lluvia fina, gentil que no sólo ha humectado la tierra sino que además ha refrescado
el aire, ha vigorizado el color de los árboles, de las flores, de las piedras,
de las casas, de todo el escenario en que desarrollamos la vida fuera de las
paredes de nuestra vivienda. Observar la paz de una mascota que duerme
tranquila, mimosa, segura de contar con el amor del ser que la cuida. Prestar atención al vuelo de los pájaros
surcando el cielo, muy alto, y oír su trino cuando se aproximan; admirar su hermosura
si tenemos la suerte de que se posen cercanos a nuestra vista. Muchos son los ejemplos que se podrían citar.
Ser un romántico no tiene
por qué referirse, exclusivamente, a las parejas de enamorados. Se puede tener un sentimiento romántico hacia
la vida en sí, para disfrutarla desde un estado mental idílico al apreciar y
vivir los instantes sencillos, para lograr, desde ese lugar de magia, recordar
que: a pesar de todos los problemas, que
nos puedan aquejar, la vida es fuerte, indestructible, lo corroboramos al verla
en el pequeño musgo que brota en el ladrillo, en el pasto que se asoma poderoso
en la rendija del pavimento, en los insectos pequeñísimos que son tan
magistrales como un gran elefante o un enigmático tigre y así, conscientes de
estas verdades, aferrarnos, espiritualmente, con ternura, los unos a los otros,
sabiendo que conformamos una unidad maravillosa, potente y colmada de misterio,
habitante del ahora eterno en el cual podemos ajustar una positiva vibración,
que nos proteja de todo mal, porque finalmente, todo es vibración en este Universo
y depende de nuestro estado de conciencia hacer que funcione tanto para nuestro
bien, como para el de los que vendrán a reemplazarnos, en algún momento futuro,
sobre la faz de esta Tierra.
La vida no es una competencia
La vida no es una competencia
(autora:
María Alejandra Vidal Bracho)
¿Qué locura es ésta? Corremos por la ciudad, sin observar más
allá de las vitrinas con sus maniquíes de talla imposible y los precios con sus posibilidades de pago
tentadoras, que nos hipnotizan. Entramos
al supermercado armados de un carro, apresurados y con la idea fija de
conseguir una caja vacía o con la mínima
cantidad de gente en la fila. Estamos en
el trabajo pensando en el hogar y luego en el hogar, pensando en el trabajo. Nos ha esclavizado un teléfono móvil, porque
sin él ya no entendemos la vida. ¿Qué
nos pasa?
A nuestro lado vuelan los pájaros, cambian de color las
nubes, crecen las flores y bajo el cemento es la tierra lo que nuestros pies
pisan. La naturaleza tiene ritmos precisos, calmos. El oleaje del mar va y viene, las brisas
mecen en calma, acariciando en paz y los vientos, más rebeldes, soplan para
secar la humedad. El sol siempre está en
su lugar y la tierra gira al mismo compás.
Nuestros cuerpos cobijan mares, ríos, bosques; mundos y submundos
internos que no vemos, pero ahí están, es lo que realmente somos. Debido a nuestras exageradas prisas y auto-presiones,
cuántas tormentas internas desatamos, cuántos volcanes hacen erupción en
nuestro interior ulcerándonos y contracturándonos; cuánta violencia ejercemos
sobre nuestras inermes células.
La vida no es una competencia, debemos tomar conciencia de
eso. Un ojo no compite con el otro ojo,
ni los dos ojos con las orejas, ni los pies con las manos. La vida es una oportunidad, una experiencia, un sueño que se abre en cada
paso a una escena nueva, mientras nosotros intentamos competir, ilusamente, con
el calendario, con el reloj y sus tiempos deseando ‘‘ojalá’’ sean carentes de
esperas. Hagamos siempre todo a nuestro
propio ritmo,
observando, sintiendo, con pausas, con atención y delicadeza. Nunca debemos olvidar que: ahora estamos,
ahora vivimos, ahora respiramos, pero, también, es ahora el momento en que para
siempre e irremediablemente, también,
nos vamos.
lunes, 6 de abril de 2020
Tiempos de cambio
Tiempos de cambio
(El marinero, el
escritor y la sirena)
Autora: María Alejandra Vidal Bracho
Publicado en Revista Co.incidir de Febrero 2020
Una noche primaveral, tres amigos: un
marinero, un escritor y una sirena se dieron cita en un bar con la intención de
compartir y disfrutar de su amistad. En compañía
de tragos y deliciosa comida, recordaron historias, hicieron planes y analizaron
la vida mientras la oscuridad, como tibio manto, cubría la mágica camaradería
que los ensamblaba, los adhería a pesar de las distancias físicas, que durante
tramos de tiempo los pudieran separar. Estos lapsos, de separación, se debían a
que el marinero viajaba obsesivamente, nunca se sabía en qué lugar del mundo se
encontraba; el escritor, por su parte, también desaparecía, porque la
inspiración solía raptarlo y lo mantenía durante muchas jornadas, alejado del
afán de la ciudad. La sirena, invariablemente, inquieta y curiosa pasaba los
días nadando feliz, pero como todo llamaba su atención, tampoco era fácil encontrarla;
maravillada con la vida submarina se iba a las profundidades a estudiar o bien
ansiosa de luz y calor recorría las playas hasta descubrir un buen sitio en el
cual durante horas lograra mimar, tranquila, su cabello. Así era la vida de estos tres amigos, sentían
el mundo de forma especial y la afinidad que los convocaba, establecía entre
ellos un resistente triángulo de afecto y cuidado mutuo.
Después de la reunión, los varones decidieron
acompañar a su amiga sirena de regreso al hogar y como no soplaba el viento, no
llovía y el frío, en una tregua, se alejó del lugar optaron por caminar y eligieron para hacerlo la calle principal. Esa
noche las luces del alumbrado, guirnaldas envolventes que adornaban la urbe,
rivalizaban en brillo con las estrellas, la luna y el mar; la noche de un
jueves cálido, cordial, en el que nadie sospechaba que se forjaba una importante
metamorfosis; que ese día era la antesala de una vida nueva, de una revolución
que pugnaba por nacer desde un vientre materno colectivo, protector de
generaciones humanas, articuladas por un único sentimiento y anhelo.
En el umbral de la casa, que habitaba
la sirena, los tres amigos se despidieron con afables abrazos y promesas
sinceras de un próximo encuentro. Al llegar a sus respectivos lechos durmieron,
cada uno sin saberlo, bajo el hechizo de la luna de un jueves último en su
especie, porque ya no existirían más jueves como este, anfitrión del amanecer
de un viernes que despertó a los amigos en un territorio distinto, en el que todo había cambiado. Voces, que habían
casi enmudecido de tanto estar calladas, se alzaban ahora potentes, atrevidas,
revitalizadas; se despertaban conciencias, que durante mucho tiempo habían
vivido hipnotizadas por espejismos creados con el fin de mantenerlas
insensibles a realidades diversas, algunas escondidas o talentosamente maquilladas para encubrir sus defectos. Espontáneamente
surgían poderosas uniones ciudadanas, cual tempestades marítimas inesperadas,
que cobraban fuerzas para pedir cambios de todo tipo. Muchos mostraban sus
heridas ocultas y hablaban de sus
dolores por primera vez, desahogando sus almas, mostrándose frágiles y fuertes
al mismo tiempo. La vida brotaba
diferente mientras este viernes transcurría; este día que, ante los ojos
sorprendidos de estos tres amigos, se transformaba en una puerta abierta hacia
un sentir renovado, despierto, doloroso, pero feliz. Ellos ante este poderoso momento,
al unísono, pensaban y sentían, que los caminos de este nuevo espacio deberían converger
hacia el bien común, eso sería lo ideal, porque un cambio sin organización se
puede convertir en un caos y eso causa siempre daño. Las aguas
tempestuosas deben buscar una calma consciente. Los diálogos se deben
establecer usando terminologías generosas, compresivas, amables, llegando de este
modo a acuerdos impregnados de amor al prójimo.
Las venganzas, las revanchas, no dan buenos frutos. El marinero, el escritor y la sirena consideraban
que: todos nos hemos equivocado, en alguna ocasión y, a decir verdad, en más de una,
pero también todos tenemos la posibilidad de cambiar, de arrepentirnos y hacer
las paces con los demás. El marinero, el
escritor y la sirena, hoy están seguros de que dentro de estos nuevos límites
puede surgir un estilo de vida más equilibrado, más justo y armónico, si la
buena voluntad, maravillosa líder, sabiamente guía esta inapelable transición, conduciendo
a su pueblo hacia un tiempo más pleno y feliz, en que la vida es libre como el
itinerario del marinero, creativa como la pluma del escritor y plácida como el
nado de la sirena entre las olas del mar.
Fin
miércoles, 22 de enero de 2020
No, no toques…es pintura fresca
No,
no toques…es pintura fresca
Publicado
en revista Co.incidir Enero 2020
Autora:
María Alejandra Vidal Bracho
Quién no ha visto un
cartel que reza: “CUIDADO – PINTURA FRESCA”.
A quién no le han dicho: “No toques…es pintura fresca”. Este impedimento se suma a otro factor: el
olor a pintura fresca, el cual puede resultar molesto para algunos, embriagante
para otros, pero que, indiscutiblemente, tiene un sentido de renovación, de cambio, de
limpieza. A mí, en lo personal, me
provoca nostalgia o quizás es anhelo de ilusión, no tengo certeza. El olor a pintura fresca, me recuerda a
cambios de casa, de barrio, a dormitorios renovados; una casa, recién pintada, habla de incipientes proyectos, de
recompensas por el trabajo hecho.
El olor a pintura, se
demora unos días en partir y durante la faena del pintado, las brochas
pegoteadas y los tachos rellenos de
colores líquidos forman un escenario que acompaña a las bebidas y comidas rápidas, que
consumimos sentados en el mejor lugar disponible, entre tanto ir y venir de
latas con pintura, trapos para limpiar, diluyentes, hojas de diarios antiguos,
ventanas abiertas que, con vigoroso empeño,
ayudan a un pronto secado. Y luego, cuando todo está inmaculado,
diáfano, nuevo, aún prevalece un leve olor a pintura, indicando que recién inicia su trabajo de
acompañarnos en un tramo del camino, pegada a nuestros muros, haciendo de marco
a nuestras actividades. La pintura, con
el andar del tiempo, en silencio, cambia de tono lánguidamente, se opaca,
envejece; es marcada por lo que
decidimos adosarle: muebles, afiches, cuadros,
repisas, letreros, lo que sea; ella inerme,
en su existencia, se brinda, se entrega
a las necesidades y caprichos de quien habita al amparo de su color.
“No, no toques…es
pintura fresca”, es la génesis de un nuevo momento, es un cambio, una renovación,
una incipiente intención; un deseo materializado, verdaderamente, a todo color.
El Mundo se ha enfermado
El
Mundo se ha enfermado
(cuento
dedicado a: Antonio Rodríguez)
Publicado en Revista Co.incidir Noviembre 2019
Publicado en Revista Co.incidir Noviembre 2019
Autora:
María Alejandra Vidal Bracho
Acompañado
por los arcanos mayores del Tarot vive, entre cerros adornados por largas
escaleras y casas alegremente coloreadas, un maravilloso gato muy sabio. Él recibe, en su morada, a diferentes
visitantes que buscan consejo y consuelo en relación con distintos pesares, que
inquietan sus días. El gato, siempre escoltado por sus competentes amigos,
tiene una vida feliz y es muy respetado y amado. Él acostumbra iniciar sus días a una hora
temprana con un alegre desayuno, compartido, con los arcanos; luego en el
transcurso de la jornada acoge a los consultantes, que le solicitan sus
certeros servicios como adivino.
Cierto
día, que al parecer comenzaba igual a todos, la dama desnuda que vive en el
arcano llamado El Mundo no llegaba a desayunar; preocupado el gato fue hasta su
dormitorio, tocó la puerta con delicadeza y, como nadie respondía, la abrió con
gran suavidad y sigilo; fue entonces cuando descubrió que ella había despertado
muy enferma; fiebre, estornudos y tos la atormentaban. La doncella, con voz débil, le comentó al
gato que no se levantaría, a la vez, sus compañeros: el caballo, el león, el
ángel y el águila estaban muy angustiados y dijeron que, de su lado, no se
moverían, hasta verla restablecida. El
gato regresó a la mesa matutina e informó a los comensales acerca
de la carta indispuesta. La Estrella se sintió culpable, porque el día anterior
ella insistió en llevar al arcano, El Mundo, al río para que la ayude con los
cántaros de agua, pero el gato, de inmediato, la consoló y con sabiduría y amor
la liberó del remordimiento, explicándole que sólo era el destino, que todo era
por un bien mayor y que ya se develaría, con el tiempo, la enseñanza o el
porqué de esta situación. Por otro lado,
El Sol majestuoso junto a La Luna generosa convenían cómo ayudar en esta circunstancia;
finalmente decidieron que él le abrigaría los pies y ella, con sutileza,
refrescaría su frente. El Loco, por su parte, no sabía qué decir, como siempre,
sólo quería irse despreocupado por ahí, pero el cariño que sentía por su
compañera, lo hacía repensar la idea de salir; entonces decidió quedarse, por
si fuera necesario comprar algo y él, junto a su bolsa, se ofrecería, sin
demora, para ir por el encargo.
La
Fuerza encaramada en la portentosa Torre, que esta vez decidió estar superfirme,
se hacía presente preparando, en su
mente, frases positivas para animar más tarde a su amiga. La Papisa dejó de lado su lectura perpetua,
cerró su libro y buscó presurosa entre los de la enferma y, con suave tono de
voz, comenzó a leer en silencio, desde de su corazón al de ella. El Papa
también a este momento se unía, caminaba pensativo de un lado al otro,
ordenando y atrapando sus huidizas ideas, relativas a qué oraciones eran las
más certeras para invocar mejorías. El
Mago, mantenía la calma, en su ser sabía que todo marcharía bien, que nada malo
ocurriría, pero a la vez puso a disposición cada elemento de su mesa, por si
algo servía, para que la bella carta recuperara su salud y alegría. Los enamorados no se enteraban de lo que sucedía
porque, como siempre, estaban con sus miradas prendidas, sometidas al eterno
encantamiento del amor; pero en este caso de un sobresalto despertaron con el
ruido que hacía El Carro, al mando de su cochero, que esperaba solicito, por si
tuviera que ir por medicinas o llevar a alguien a toda prisa y entonces, ya
despabilados, se unieron a éste, como compañía.
El Diablo, generalmente asociado con la maldad, pensaba que él,
igualmente, podía aportar, porque según la posición que toma, no indica siempre
algún mal y en este caso él estaba dispuesto, con gusto, a ubicarse contiguo a
un arcano que anunciara junto a él bondad y así ser un buen presagio y no una
fatalidad.
La
Emperatriz y El Emperador, sumamente generosos, convinieron poner a disposición
una gran suma de dinero para poder internarla, si fuera necesario, en la mejor
clínica del lugar. El Ermitaño, siempre solitario,
rompió su aislamiento habitual y amablemente se ofreció para cocinar; preparó
sabrosa comida para todos, pero para el gato algo especial: un rico pescado
asado que le quedó colosal y para la enferma diseñó una dieta ligera y frugal. Por otro lado la Justicia equilibraba su
balanza pesando distintas hierbas medicinales, apropiadas para estos casos;
hierbas que la Templanza había recolectado en el patio de la casa, bajo la
mirada vigilante de La Muerte que con su temida guadaña las cortaba auxiliada
por los seres que viven trepados en la Rueda de la Fortuna, la cual giraba y
giraba más rápido que nunca, loca de afán por ayudar.
Los
integrantes del Juicio deliberaban, sin parar, sobre la ayuda que pudieran
brindar y finalmente decidieron apoyar todas las iniciativas, cooperando en lo
que fuera, con la mejor voluntad. Y El
Colgado, se preguntarán ustedes, ¿en qué colaboró él? Ya que su posición es
inamovible y definitiva, pues él animaba en su alma y en su mente, los mejores
deseos para que su amiga y compañera de baraja, se recuperara pronto; con su
imaginación creaba y creaba, sin descanso, para ella un nuevo estado sano y
vital.
Como
pueden apreciar cada arcano se comportó positivo, amoroso y cooperador. La enferma
atendida por sus amigos con tanta dulzura y amor salió pronto del estado
antónimo de la salud; luego de tres días se sintió mucho mejor, recuperada,
feliz y junto a sus compañeros: el caballo, el león, el ángel y el águila, la
armonía de El Mundo se restableció. El bello gato, dueño de casa, vio con regocijo
cómo la enfermedad, mágicamente, se retiró y comprobó una vez más que El Mundo
siempre mejora cuando todos se unen a su favor y así el hogar volvió a ser el de
siempre; un hogar en que habita un lindo gato sabio junto a veintidós amigos
llamados arcanos mayores, que viven en la magia y el misterio del Tarot.
FIN
sábado, 5 de octubre de 2019
El pentagrama eres tú
El
pentagrama eres tú
(Seleccionado para antología española Siempre Poesía año 2015)
Por primera vez
te acercas.
Una cuerda frotada,
una cuerda pulsada,
por primera vez.
El amor que surge
en ese descubrimiento;
en ese tímido inicio,
del primer acercamiento.
Por qué nace esta chispa.
Quién permite
este recuerdo en tu alma;
que sin decidir
se enamora, se emborracha,
se encanta en el sonido
en la comunión del tacto,
en la piel y en la experiencia.
Horas dedicadas a la práctica,
al despliegue del ritmo
del deseo de saber.
La maestría se asoma
se hace vida y miel.
Tu ser maravilloso
unificado va con la música.
Incorpóreo se mezcla
con las notas sublimes
y dando rienda suelta
a la madre creación,
surgen obras mullidas
matizadas de tibieza,
de alegría
de tristeza y candor.
Tu talento, con cariño,
vibrando entre composiciones,
alberga
cada pedacito tuyo
fundido en tu bella labor.
Cada sentimiento
se anida en tus partituras.
Todos danzan ya
en la esencia
de tu alma redentora,
alquimista y pirquinera.
Gracias por tu entrega.
Gracias por darnos
el néctar audible
de tu trabajo incansable,
vestido de auténtico amor.
De ese amor que nace
en el primer encuentro
y cuidas para siempre
entre blancas, negras, corcheas,
fusas, semifusas y otras.
Sobran las palabras,
porque ahora,
sólo quiero escuchar.
Que mis oídos lleven
a mi corazón, estas notas
con sonidos precisos,
orquestados con tus soles,
lunas y estrellas.
Luces magníficas
enredadas en la trama,
de tu vida iluminada.
Las Musas siempre bellas,
siempre atentas
te acompañen
y coronen tu cabeza
con laureles de alegría.
Los años te guíen
por senderos de paz.
Sea tierra santa
cada lugar que pises.
Y cuando dejes este plano
tus obras ya encarnadas
vivirán su propia historia.
Forjarán sus propios sueños
y en el marco del destino
serán para tu pueblo
un orgullo, un sendero.
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