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miércoles, 26 de octubre de 2016

Desnudo en medio de la Plaza






Desnudo en medio de la Plaza

(Autora:  María Alejandra Vidal Bracho)
2do. Lugar Nacional Concurso Dibam año 2016

Aquí estoy.  Desnudo y sentado en medio de la Plaza de armas de Punta Arenas.  No teman, no paso frío, mi cuerpo está acostumbrado.  Lo que sí siento son constantes cosquillas, porque todos tienen una fijación con mi pie derecho.  Específicamente  con mi dedo gordo.  Lo tocan, lo aprietan, le hacen cariño, lo besan, cuelgan a los niños en él; en fin, que está lustroso de tanto amor. Llevo muchos años, quieto en este lugar, resistiendo, con entereza, además de los cosquilleos del pie, los potentes vientos australes, la nieve y la escarcha.  A pesar del tiempo transcurrido, mi pecho sigue amplio, los músculos vigorosos y armado de un arco, en constante alerta, vigilo y protejo la ciudad.

Desde este sitio he sido testigo de muchos acontecimientos. Como estoy cerca de la Iglesia, veo a los novios que contraen matrimonio y también a los bebés que bautizan.  Generalmente, después de las ceremonias, cruzan la calle para tomarse una foto conmigo. Si, por algún motivo, están todos los pobladores contentos, vienen o “bajan”, a celebrar aquí, pero si están enojados también se reúnen junto a mí, para levantar banderas de protesta y dar gritos de guerra. Yo los comprendo y apoyo, porque son mi gente, este es mi hogar, me interesa mucho lo que ocurre aquí.  En secreto, he oído todo tipo de deseos, mientras acarician y besan mi afamado y fotografiado dedo. Yo, con profunda ternura, uno mi alma a estos anhelos.

Siempre tengo compañía. Todos me hacen sentir muy querido y respetado.  Agradezco de  corazón, el sincero cariño, que me demuestra,  cada habitante y viajero. No cambiaría mi vida por otra.  Amo este lugar, aquí nací. Soy parte de la majestuosa y valiente Patagonia.  Mi sangre unida a la de muchos que vinieron para quedarse, es la que me visita cada día. Es mi propia familia. Todos son mis parientes, ninguno es extranjero para mí.  Ni siquiera los que vienen desde tierras lejanas, porque la raíz del ser humano es una sola.  Somos todos hermanos y la tierra muy pequeña, para no compartir y  amarnos.

Parar terminar este breve relato, les voy a contar un secreto: si les gustó mi ciudad y quedaron con ansias de un pronto reencuentro,  coman un poco de calafate, vengan a la plaza a besarme el dedo y yo les aseguro, sin la más mínima duda, que estarán muy pronto, mágicamente de  regreso.