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miércoles, 11 de julio de 2018

Poema de amor moderno








Poema de amor moderno
(Autora: María Alejandra Vidal Bracho)
Publicado por Revista Co.incidir Mes de Julio 2018

Te busco entre arcanos,
noticias, lluvias, semanas,
fechas y segunderos.
Sé que estás aquí,
en este ahora eterno,
anfitrión incansable
de momentos.
Sólo debo encontrarte,
en el misterio;
concentrándome intensamente,
y luego, descubrir la fórmula,
que te prenda
de un fragmento.
Experiencias y cambios
te han perdido,
y te siento lejos.
Pero, no es así,
la realidad me dice que
es sólo un pensamiento;
quizás un mapa errado,
ha confundido las calles
y te mantiene
como en un laberinto,
sin consuelo.
Un número telefónico
se ha vuelto amnésico,
y no logra contactarse
con tu ser más interno.
O bien, para escribir un mensaje,
vocales y consonantes
se han negado a jugar
con tus dedos.
Por eso yo te busco,
sin descanso, entre arcanos,
noticias, lluvias, semanas,
fechas y segunderos;
entre las plantas, las alfombras,
tu ropa, nuestra loza
y entre páginas de libros,
que dejo, con anhelo, abiertos.
Porque en este palpitante ahora,
yo te siento y sé, con seguridad,
que tú, sólo, te extraviaste
entre tanto cambio perpetuo.
Entre las plantas, las alfombras,
tu ropa, nuestra loza
y entre páginas de libros,
que dejo, con certeza, abiertos…
ahora ya feliz,
yo te encuentro.




sábado, 30 de junio de 2018

Un mate para el ovejero




Un mate para el ovejero


Autora: María Alejandra Vidal Bracho/ Primer lugar concurso literario Dibam
“Conversemos nuestro patrimonio” año 2017



Te invito a que conversemos; a que vayas a mi lado por un rato en la huella, junto a mis perros Valiente y Black, a mi caballo Santiago y a estas fieles ovejas que me permiten guiarlas, desde hace ya muchos años atrás. 
Mi nombre es Abel Oyarzún y muy orgulloso, te puedo contar, que debo mi existencia, a las talentosas manos creadoras del escultor Germán Montero Carvallo. Hombre joven y soñador, igual a muchos otros, que veo cada día caminar por esta avenida en Punta Arenas. Todos los que pasan por aquí, me acompañan, aunque sea por breves segundos, en este recorrido infinito en que me encuentro. Soy ovejero, un hombre que se dedica al cuidado de estas maravillosas criaturas peludas, que en alguna pronta esquila, entregarán su lana, como un tesoro, destinado al abrigo de otros cuerpos y más tarde hasta su propia vida en pos de otra vida. En esta tarea, mis leales compañeros de trabajo son estos incansables perros, que ya te nombré, Valiente y Black. Sin ellos no podría llevar a cabo la faena. Ellos son mis ojos, mis pies, mis manos, mi juventud y valentía. También está Santiago, que con su nombre de urbe grande, me lleva sobre sus nobles huesos cuando el cansancio, algún dolor o herida, guiña en forma insolente. Todos nos cuidamos y defendemos mutuamente, somos una familia. Mi vida, en este bello suelo helado, es simple, pero no es fácil. La tierra magallánica, con su hipnótica magia, obliga a ser recio, fuerte, atrevido; desafiante al viento, a la nieve y la escarcha. Yo enfrento, cada día, este desafío y cuido de las ovejas con dedicación y esmero. Me duelen sus llagas, sufro si alguna se enferma y valoro en ellas su quietud, su inocencia y fortaleza. La verdad, es que me siento más que un monumento al ovejero. Me considero un faro en la Avenida Manuel Bulnes. Soy un viajero eterno, que junto a mis animales, he detenido las horas, para vivir en un espacio sin tiempo, ni dueño; y estoy presente y ausente a la vez. Soy un ícono del trabajo magallánico, que se envuelve en piel curtida por el clima indomable y mira con ojos cegados por el reflejo del sol sobre la nieve. Nunca pensó Germán Montero Carvallo, mientras me modelaba, en que a través de sus manos, se producía el milagro de la inmortalidad y la atemporalidad. 
No me extiendo más con palabras, no existen las adecuadas para describir el inefable amor que tengo por mi vida, mi trabajo, y mi tierra austral; por esta Patagonia bendita y fraguada en pasión de hielo y fuego de almas. ¿Sabes? Sólo un encargo, antes de la despedida. La próxima ocasión en que pases por aquí, por favor, trae un termo con agua caliente y trae yerba, porque tengo, hace tanto tiempo, demasiado tiempo, muchas ganas de tomar un mate, y ojalá, uno con “punta”, para el frío.

domingo, 24 de junio de 2018

A quien corresponda (nota diario El Pinguino)


Un mate para el ovejero (Dibam)


El anticuario






El Anticuario (cuento dedicado al profesor Julio Pedrol Kusanovic)

(Publicado en revista Co.incidir Junio 2018)

En una aldea, en la que conviven poderosos vientos, duendes de nieve y soles juguetones, vive también, en una enorme casa, un amable señor, que se ha auto impuesto, como misión en la vida, coleccionar y custodiar objetos antiguos. Estos artículos, al ser descubiertos y rescatados, se sienten agradecidos, seguros, apreciados y protegidos, porque añoran, profundamente, no ser destruidos. Debido al temor que les acompaña, desde que han caído en el desuso, suelen permanecer ocultos o perdidos, pero este noble caballero, no sólo los encuentra y rescata, sino que también se dedica a mantenerlos en las mejores condiciones posibles, atesorándolos con solemne cariño.
Su casa, pródiga en habitaciones, en las cuales guarda y resguarda, con sigilo, sus preciadas antigüedades, cuenta además, con un gran ventanal, que él, igualmente, valora mucho, porque le permite, a su sensible alma, como en un incasable rotativo de cine, ver y disfrutar del espectáculo de lunas y soles interminables, que vienen y van. Estas Lunas y Soles se lucen y pasean entre nubes oscuras o arreboladas, copas de árboles, y estrellas titilantes. Frente a esta fantástica pantalla, con su imaginación, él se eleva hasta el amable vuelo de las aves del lugar y, desde ahí, juega a adivinar en qué momento, verá brillar, unos curiosos ojitos gatunos, que le acompañan en su andar y que alumbran, con su gracia e inocencia el patio, cautivo, de esta casa tan vital. 
Él vive solo, pero recibe, con frecuencia, a diferentes viajeros que visitan el pueblo, quienes encuentran, en su hogar, una buena habitación, en la que pueden descansar del viaje y reponer fuerzas. Siempre, al cruzar el umbral de la entrada, todos los visitantes son, mágicamente, transportados a otras épocas, ante la visión de cada uno de los componentes del decorado, que impregnado de fuerza y de historia, parece desafiar a las coordenadas del tiempo.
En este especial escenario de vida, existe también, para este distinguido caballero, una colorida amiga mariposa, que le ha prometido visitarlo, al menos, una vez al mes y, de hecho, así lo hace. Debido a esto, él con gran gentileza y entusiasmo, por alimentarla y atenderla, cultiva para ella un primoroso, pequeño jardín en el que su amiga mariposa, cada vez que lo visita, liba, con frenesí, el néctar de las bellas flores, tan devotamente cuidadas. El día del encuentro, para poder compartir con ella, él come en una mesa que arrima al gran ventanal, abierto hacia el colorido y aromático huerto floral y así ambos comparten, mesa, vista y merienda por igual. 
Conversan siempre sobre profundos temas, concernientes a: la existencia y la magia de la vida. El es un gran romántico, enamorado de la historia tanto de la Universal, como de la que le ha tocado vivir, en forma personal, la cual, muchas veces, ha sido un poco enérgica, pero sin embargo, a pesar de este hecho, él no guarda rencores. Muy por el contrario, tiene un primoroso corazón y, al resguardo de la poesía, recuerda con amor y comprensión, a cada ser que ha pasado por su vida. 
En relación a su oficio de anticuario siempre le dice a su amiga: “sabes mariposa… de cada uno de estos objetos, extraigo fuerzas. Los tomo, pienso en cuántas manos los habrán tocado, qué historias habrán protagonizado, cuánta vida guardan. Cierro los ojos y siento el poder que contienen. Los rescato para que, algún día, otros aprecien su belleza, la magia de los cambios está reflejada aquí. Mira, estas copas, estas piedras; estas llaves, que quizás qué puertas abrieron o cerraron, quién sabe. Estas cajas, pero observa qué tallados, toca ésta madera. Ves…¿lo puedes palpar? El “ahora” se hace presente, como eterno. De seguro, estamos abriendo portales, que no vemos, pero nuestros espíritus se nutren de ellos. La vida es magia, pura magia, misterio sin fin”.
La mariposa, admira mucho a su amigo, y lo escucha con suma atención. Ella misma, sabe que todo lo que él le cuenta, en íntima confidencia, por supuesto, es una gran verdad. Posada sobre la mesa, la mariposa mueve sus coquetas alas, mientras sus curiosos ojos contemplan, a este singular anfitrión, siempre hipnotizado por los objetos que lo rodean agradecidos, de ser tan respetados y valorados por él. Al momento del adiós el diálogo, entre ellos, siempre es el mismo. Ella dice: “bien… ya he venido a verte. Prometo volver, dentro de un mes” — “seguro…”— inquiere él—. “Por supuesto” — responde ella— “volveré”. Luego, alza el vuelo, da un matizado giro, para envolver a su amigo en un círculo de despedida y se aleja, volando hacia el cielo azul, mientras él contempla como ella se pierde, para sus ojos terrestres, entre árboles y nubes, en el espacio infinito. 
Los anticuarios, son seres que resguardan y protegen las raíces que nos dan identidad, más allá de límites fronterizos, como habitantes de la tierra; porque los viajes de las personas del pasado, han mezclado costumbres, conceptos y artículos, desde siempre. Las huellas que otros han dejado, muchas veces, quedan reflejadas en cosas que se han salvado de la destrucción y, por qué no decirlo, hasta del desprecio, generado por la presencia de lo nuevo. Todos deberíamos ser, conscientes del legado y apreciar así, los tesoros heredados, por nuestros ancestros, que son nosotros mismos. Ellos viven en cada una de nuestras células y conservar sus recuerdos materiales, quizás entregándolos a sabias manos custodias que los protejan, puede ser una buena idea, para mantener viva la historia que nos sustenta.
Fin

La belleza de la Porcelana





La belleza de la Porcelana

Autora: María Alejandra Vidal Bracho

Publicado por revista co.incidir Mayo 2018


Ataviada con un largo vestido, conservo una postura muy erguida. Un chal cae, con descuido, por mi espalda y un gran sombrero protege mi cabello; de seguro, voy hacia algún lugar, yo no lo sé. Llevo un pequeño ramo de flores en la mano izquierda y, al parecer, esquivo los rayos del sol, porque mantengo los ojos cerrados y el cuello en una torsión, que indica cierto placer o disgusto, tampoco lo sé. La verdad es que me cansa esta posición, pero se me ha encomendado vivir de este modo; y así, aquí de pie, sobre una pequeña alfombra tejida a crochet, en una delicada mesa, junto a un mullido sillón, transcurre mi vida.

No he visto el lugar en que me encuentro, ya les dije, tengo los ojos cerrados, pero sé que estoy rodeada de actividad. Cada día, escucho pasos humanos y también unos gatunos, muy suavecitos; siento ladridos de perros, distintas bocinas de autos, lluvias crepitando y el soplido del viento. Oigo voces, portadoras de noticias, que me indican que junto a mí viven personas dotadas de almas vibrantes, y enamoradas de su existencia. Yo, por mi parte, estoy consagrada a la belleza; adornar en el mundo, es mi trabajo y misión. 

Como, en este invariable estado de ser, tengo mucho tiempo para pensar y reflexionar, les puedo contar que: de tanto analizar, lo que puedo percibir, he descubierto la existencia de algunos seres, que viven igual que yo, o pretenden vivir igual que yo, es decir, dedicados a la belleza. El problema es que, también he descubierto que, a veces, a estos hombres y mujeres, con el afán de cumplir con los estereotipos de hermosura imperantes, no les importa el precio a pagar. Y así, por una figura delgada, son capaces de someterse a dietas de hambre; por conseguir músculos tonificados, hacer de un gimnasio su hogar, y para llevar atuendos de envidia, están dispuestos a quedar sin recursos o subsistir endeudados de por vida.

Yo, soy una ilusión, soy perfecta;una figura de porcelana, hechizada por su creador; no cambio, no envejezco, no engordo ni adelgazo. No se me cae el pelo y luzco pulcra todo el tiempo, porque soy una ficción. Pero igual, aunque no lo crean, esta apariencia me cansa y ¿quieren saber algo más?, de tanto verme ya no me ven, me he vuelto invisible para mis propios dueños, sólo algún visitante me descubre y, luego, si sus visitas se vuelven frecuentes, también desaparezco para éste. Finalmente, mi destino trazado igual se desvanece. 

Saben…si yo tuviera la oportunidad de vivir,en un cuerpo de carne y hueso, aprovecharía cada momento; no habría uno más valioso que otro, todos serían relevantes para mí. Disfrutaría de la comida sabrosa, de los pasteles, los guisos y las bebidas. Contemplaría, ilusionada, los atardeceres y cada amanecer, sería una fiesta para mí. Con agrado, me despediría de estas flores, prisioneras en mi mano, dejando que se sequen, para volverse semilla y abono de otras. Regalaría mi sombrero y este chal, a quien lo pudiera necesitar; me tendería sobre el pasto para mirar las nubes pasar. Viviría sin pensar en un mañana y cuando llegara el momento del adiós, abandonaría mi cuerpo,feliz de lograr perderme en el azul del cielo, en la humedad de la tierra y en el sonido del oleaje del mar. Me iría en paz y agradecida, por el privilegio, de haber tenido la sublime oportunidad de experimentar la magia de la auténtica vida, correr por mis venas.
La belleza de la porcelana es fría, efímera, inútil y distante; la belleza del alma es eterna, transmutadora y creadora de importantes realidades. Por ende, es la que se debe perseguir incansablemente; tan incansablemente, que hasta en el último aliento, exista el profundo deseo de alcanzarla y atraparla, ojalá, para siempre. Se los digo yo, que sé lo que es ser sólo bella, pero lamentablemente, desprovista de un alma cultivable y serena.

FIN


La Taza y el Colador








La Taza y el Colador (a Blanquita)
(Cuento publicado en Rev.Co.incidir No.49 Marzo)





Una gentil princesa alada, tenía una vivienda alquilada a una familia gitana que recorría el mundo leyendo presagios en las palmas de las manos, ofertando productos diversos y adornando, distintas ciudades y pueblos, con sus exóticos vestidos ágiles y coloreados. Durante mucho tiempo, la familia gitana vivió en la casa de la princesa alada, pero un día los planes cambiaron, porque nuevos caminos llamaron a los pies gitanos y éstos se apresuraron en cumplir, con ligereza, la orden que dictaba el llamado. Resueltos activaron a sus dueños y así las maletas y bolsos fueron llenados, los camastros resignados fueron desarmados y, rápido sobre el lomo de una noble camioneta, el hogar aventurero fue subido con ilusión y paciencia. 

La princesa alada se enteró de los nuevos planes que tenían los gitanos y decidió volar hasta ellos para despedirse y, a decir verdad, también pensaba en cómo podría atesorar algo de ellos. Al encontrarlos, después del saludo, les indicó su interés en custodiarlos, desde el aire, a modo de despedida, por un tramo del camino. La madre gitana encantada aceptó, pero, de pronto, leyó el pensamiento de la princesa y, debido a esto, le preguntó: ¿Tú quieres conservar algún recuerdo?— Sorprendida la princesa alada, al ser telepáticamente descubierta en sus cavilaciones, contestó con su silencio. — No te preocupes— agregó la gitana— como un ave, planea sobre nuestras cosas y hasta tus alas volarán dos objetos que contigo se quieran quedar—. Así lo hizo la princesa; sobrevoló la camioneta y, de súbito, una linda pequeña taza azul voló hasta ella y la siguió un aguerrido colador, muy amigo de la taza. —Son de tu propiedad ahora —dijo la gitana—por algún motivo, deben permanecer contigo—. Agradecida, la princesa alada, cobijó estos regalos, con delicadeza, bajo sus alas y se despidió de la familia, alzando el vuelo de retorno a su morada. Ya en casa, junto a sus fieles utensilios de cocina, procedió a dar un lugar apropiado a los nuevos integrantes, que fueron muy bien recibidos por todos sus pares.

Meses más tarde, cuando llegó el verano, desde el sur, una amiga de la princesa alada, viajó para visitarla por siete días. Durante su estadía, la sureña visitante, buscó, todo el tiempo, a la primorosa taza como fiel compañera de infusiones y bebidas. Tanto fue su gusto por la pequeña taza azul, que en el momento del adiós, la princesa alada, con gran cariño, decidió regalársela, a su amiga tan querida. —Yo conservaré sólo el colador— le dijo la princesa alada, como un recuerdo de la familia gitana y su festiva magia—. 

El colador se despidió igualmente de la taza azul y prometieron cuidar cada uno a la familia a la que ahora pertenecían, desplegando en el aire del día a día, toda la ventura y el misterio que envuelve a la vida, ya sea en átomos que vibran conformando una valiosa obra de arte, una joya, una planta, una flor o quizás algo tan sencillo y tan simple como lo son: una taza y un colador.

FIN