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sábado, 27 de enero de 2018
jueves, 21 de septiembre de 2017
La arañita en el frío
La
arañita en el frío
(Cuento publicado por revista Co.incidir Mes Septiembre 2017)
Autora:
María Alejandra Vidal Bracho
Una arañita, que
habitaba en una gran casa antigua, trabajaba siempre en un mismo rincón, sitio
en el cual, tejía con esmero y primor una tela suave, que cubría cada día, poco a poco, la esquina. Ella estaba en paz con su faena y su tejido
progresaba y progresaba. Todo marchaba
en una rutina laboral, normal; quizás no
perfecta, porque siempre aparecían otros insectos con diferentes intenciones e
intereses, pero se podía decir que su
vida, estaba impregnada de una felicidad tradicional y sin mayores sobresaltos. Este rutinario panorama se vio interrumpido
durante un gélido invierno, en que la arañita, comenzó a sentir un frío
insoportable, que impedía a sus patitas la movilidad adecuada, para realizar su
trabajo. Sus patitas congeladas, a más
no poder, la llevaron, sin dudar, camino a una casa encantada, en la cual, ella
tenía un fiel amigo muy especial. Él era
un curandero afamado, que preparaba pócimas balsámicas y mantenía una constante
comunicación con la sabiduría, la cual era para él, su gran amiga y mejor
maestra. Cuando la arañita logró llegar
a visitarlo, llevaba sus patitas entumidas y le solicitó que la ayudara para
remediar esta situación tan desagradable que le impedía trabajar y disfrutar de
su acostumbrado rincón, para ella tan personal.
De inmediato, el experto sanador, examinó a la arañita, comprobando la incómoda
situación. Sus patitas estaban tornándose
azules, por el frío, lucían muy frágiles y desfallecían perdiendo la fuerza. El curandero, preparó de inmediato, un
prodigioso, ungüento, a base de hierbas, que se hallaban en su propio huerto, y luego de frotar las
heladas patitas con él, las envolvió en nobles vendas humedecidas en buena
voluntad y fe. Además decidió escribir una misiva, dirigida al benévolo
Sol. En este mensaje, él le explicaba al,
magnífico, astro Rey, sobre el grave
problema que aquejaba a la arañita y le solicitaba que, por favor, enviara un
rayo exclusivo, para ella, a fin de lograr entibiar sus entumecidas patitas.
El Sol, en su
trono dorado, recibió el mensaje y de inmediato, dispuso los arreglos
necesarios para enviar, sin demora, un rayo en comisión especial, designado
sólo para acompañar a la arañita. El
rayo de Sol, voló sin retrasos hasta la casa en que ella vivía y se posó alumbrando certeramente el rincón en
que trabajaba. La arañita, después del tratamiento de
ungüentos y vendajes, junto a la compañía del calor, que el rayo de Sol
proyectaba, comenzó a mejorar en forma evidente. Sus patitas trabajaban sin descanso y a buen
ritmo, tejía con alegría su tela amada. Sintiéndose muy agradecida, por la
intervención de su buen amigo curandero,
decidió que tejería para él un par de guantes, que cubrieran sus sabias manos,
para aislarlas, igualmente, del frío del invierno. Entonces, ella tejió, con premura, mezclando
amorosas hebras de lana, con hilos de cariño y aplicaciones de agradecimiento,
unos mitones de encendido color, intentando atrapar algo del rayo de sol para
su querido amigo, que estaba pronto a celebrar un nuevo cumpleaños. Así, en Agosto, la arañita con su labor
terminada y envuelta en papel de regalo,
salió, muy contenta,en su búsqueda, para saludarlo en la fecha marcada: día
nueve, en el calendario. Como siempre,
lo encontró rodeado de medicinas y atribulados pacientes que hallaban, en él, no
sólo la curación, para sus cuerpos desmejorados, sino que descubrían también, toda
su comprensión y, toda su generosidad, bellas cualidades que tapizaban
espesamente, el jardín de su delicada alma, de lado a lado.
miércoles, 16 de agosto de 2017
“Encanto” corre peligro
“Encanto” corre peligro
Autora: María Alejandra Vidal Bracho (Publicado en Co.incidir mes de Agosto 2017)
Autora: María Alejandra Vidal Bracho (Publicado en Co.incidir mes de Agosto 2017)
“Encanto” corre peligro, porque intenta tomar acuerdos con “Siempre”. “Siempre” es muy engañoso, porque propone eternidad, compromiso, imposibilidad de nuevos caminos.
“Encanto” corre peligro, porque puede llegar a sentirse atormentado, por las imposiciones de “Siempre”, que demanda espacios infinitos, ata con cadenas y candados y luego arroja las llaves a un vacío absoluto.
“Encanto” corre peligro, porque en alianza con “Siempre”, podría: perder su buen tono, cansarse su mirada, debilitarse y extraviar su fuerza irremediablemente.
Mejor sería que “Encanto” trabara férrea amistad o más bien hermandad, con “Ahora”, porque junto a “Ahora” es vital, energético y feliz. Se viste de luz, es libre, es fiesta, amor y alegría. Así, si en este “Ahora”, nos gusta, lo que está sucediendo, se decide y se desea repetir la experiencia y para ello, sólo, debemos programar nuevos próximos “Ahoras”, que se parezcan mucho a éste, al resguardo eterno de la magia del presente.
sábado, 8 de julio de 2017
La Sirena rescatada por el Marinero
La
Sirena rescatada por el Marinero
Cuento
publicado en Co.incidir Julio 2017
Autora:
María Alejandra Vidal Bracho
La Sirena solía
estar triste, porque acostumbraba pensar, que en las palmas de sus manos un mapa trazado
indicaba estados y designios
inapelables, que marcarían invariablemente, sus rutas en el mar. Durante muchos años, ella vivió bajo el
hechizo de la predicción, de un
enigmático vidente, que un día leyó sus manos y le dijo: “Trajiste un mal karma,
debes quemarlo o la tristeza te puede atrapar”, “y ¿cómo lo hago?”— preguntó la
Sirena —“debes vivirlo”—respondió el
adivino— “no existe otro camino, no hay
otra salida, debes vivirlo y nada más”—. Ella llevaba este vaticinio, posado sobre su
alma, como un pesado collar, compuesto por envenenadas cuentas y que era
imposible quitar.
A pesar de este triste
sentimiento, la Sirena tenía una buena vida; nadaba plácidamente en el mar, se
detenía en las islas y arrecifes para contemplar los barcos y peinar con
devoción sus largos cabellos, mientras
cantaba amorosos versos, que el aire balanceaba sobre las olas del mar. Una
mañana de un Enero, la Sirena decidió
que, por la tarde, nadaría hasta una de las islas, para asistir a
la presentación de un juglar, que
prometía encantar a la audiencia con su
gracia, sin par. También, ese mismo día
y al mismo lugar, decidió que acudiría un Marinero, que acaba de arribar. El era excéntrico, buen contador de historias
y obviamente, adoraba el mar. Tenía un
amigo en la isla, quien lo invitó al
recital y, él con eterno gran
entusiasmo, fue de los primeros en llegar.
La Sirena llegó después, intentando, como siempre, su presumida cola ubicar
y mientras buscaba para ello, con atenta
mirada, el espacio ideal, sus ojos de pronto sintieron gran felicidad, al
divisar entre el público a un amigo que, junto a un Marinero, se hallaba ya situado en una de las mesas, y a su lado la llamaba, ofreciéndole un asiento
para que se pudiera acomodar.
Sirena y Marinero
fueron presentados, por el camarada en común y, al instante, se produjo una magia especial, que los convirtió en un trío alegre y vivaz; disfrutaron festivamente
de la presentación del juglar y más tarde la tertulia, se volvió singular. Conversaron acerca de variados tópicos, hasta
muy tarde y sin parar. El Marinero
hilvanó relatos, llenos de audacia, en los cuales, casi todo el tiempo, él
tenía un papel estelar. Entre tanta información,
de pronto, surgió algo inusual. El no
sólo era un Marinero, también era un tarotista y además, sabía leer las manos
con una sabiduría, sin igual. Al enterarse la Sirena de este quiromántico
antecedente, sintió gran curiosidad y
concluyó que volvería a conversar con él sobre este mágico asunto, cuando
tuviera oportunidad. En la despedida el
Marinero hizo una solemne promesa de regresar, y también manifestó el deseo de
poder concretar una nueva reunión como
ésta, con su amigo y la Sirena, bajo una
pronta Luna cordial.
Y así fue como
la Sirena y el Marinero se conocieron y se convirtieron, poco a poco en buenos amigos,
que se reunían cada vez que el mar y el destino se lograban conjugar. En uno de esos encuentros fue la Quiromancia el tema a tratar, y la Sirena, muy atenta, se
dedicó a escuchar. El Marinero reconoció
ser un gran y eterno aprendiz, nunca
dejaba de estudiar, porque le apasionaba
esta ciencia misteriosa y magistral. Entre
sus sentencias le dijo: “Las líneas
muestran el pasado, hechos concretos ya
ocurridos, posibilidades de acontecimientos futuros, que dependen de tu libre albedrío, todo es alterable,
todo te obedece a ti y a nadie más”. Le
enseñó a la Sirena que las líneas de las
manos no son estáticas, ni
definitivas. Muy por el contrario, le
explicó, que: “Si uno hace un cambio de conciencia, éste se ve reflejado en
ellas porque se modifican, sin dudar”.
En confidencia le dijo, que él mismo lo había experimentado y que jamás,
creyera que existía un designio inamovible, porque la esencia de la vida
siempre es, ha sido y será: cambiar y cambiar.
La Sirena creyó
en el Marinero, en sus conocimientos profundos y le agradeció, con
sinceridad de mar, por la generosa actitud, que tuvo al compartir, con ella, tan feliz verdad; se sintió aliviada y liberada, gracias a
estas nuevas creencias, que reemplazaron, sin vacilar, a las antiguas, renovando así su visión de la
realidad.
Hoy la Sirena,
ya rescatada, nada en auténtica paz, dibujando con su coqueta cola sobre las
olas del mar y vive, cada día, como el
oleaje, que viene y que va.
FIN
jueves, 18 de mayo de 2017
martes, 2 de mayo de 2017
Abrigos Azules
Abrigos
Azules
Autora:
María Alejandra Vidal Bracho
(Publicado
en Revista Co.incidir Mayo 2017)
Abrigos azules, poblados
por ojos curiosos y cabellos largos al
viento, caminan por las calles, llenos de júbilo e impregnados de mocedad. Para ellos, la vida es sólo hoy. Animosos pies los conducen de un lugar a otro, y no les
importa nada y a la vez, les importa todo. Mucha nobleza y alegría conjugada
dentro de estos ágiles abrigos. Ansias de experimentar y de concretar quimeras
que viven perfumadas a un mañana exitoso, que será, por supuesto, libre
de obligadas fechas de entregas e ineludibles exámenes. Ellos, generosos envuelven, con decisión, a
la maravillosa semilla que promete, como en el hanami, el más bello cerezo en
flor.
Lamentablemente, al
igual que el hanami, esta efímera etapa, se va con gran rapidez. En algún lugar del camino, los abrigos se
cansan; se desprenden de sus aliados cabellos, se niegan a seguir siendo
llevados por los mismos pies y huyen a esconderse en el más oculto baúl. Los sueños transmutan convirtiéndose en días
iguales, pesados sin ilusión. La mirada
de los ojos, antes imprudente, se vuelve predecible, sin novedad alguna que
atisbar. La energía abrigada, con tanto
primor, por los bellos abrigos azules, queda inerme ante destinos lapidarios, obcecados en vivir sin
aventura.
Pero, ¿quién fabrica
estos destinos?, ¿quién permite el cisma entre los abrigos azules, los cabellos
al viento, la mirada dulce y vivaz, la alegría y la juventud? Posiblemente, la
energía ante el primer descuido, es convencida por paradigmas taxativos y
tácitos, acerca del irremediable cambio que lleva desde un mundo de promesas
vivas, a un mundo de promesas muertas e ilusiones perdidas. Como por encanto,
se apagan las miradas y los pies olvidan las ansias de conocer nuevos
senderos.
Entonces, ¿qué queda por hacer?, ¿se podrá revertir la
situación? Quizás es cuestión de pensar,
de meditar profundamente, intentando conseguir
recordar, en qué momento y en qué lugar, nuestro propio abrigo azul,
quedó guardado. Si lo logramos,
deberíamos ir por él, al encontrarlo, probar si aún la talla nos queda; si no es así, salir en la búsqueda de ayuda. Un buen sastre, una gran costurera, alguien
especialista en componer prendas de este tipo y recuperarlo. Volver a cubrir nuestro cuerpo con él y así,
en un trance mágico, llenarnos nuevamente de alegría y juventud. Reencontrarnos con el cabello al viento y feliz,
con la mirada indiscreta, con la ilusión de vivir. No importa el tiempo, porque si bien es
cierto que el tiempo no retrocede, lo bueno es que tampoco avanza. El tiempo, para nuestra gran suerte, vive
desplegado en su infinita totalidad. El
tiempo sólo es, sólo está.
viernes, 7 de abril de 2017
Ojos viajeros
Ojos viajeros
Autora: María Alejandra Vidal Bracho
Publicado en Co.incidir mes de Abril 2017
Dos ojos de color azul intenso
que mezclaban en su esencia
matices de mar y cielo,
añoraban vivir intensamente,
contemplando cada espacio
del Universo.
Ellos habitaban,
en el bello rostro de un Príncipe
y desde ahí, lo alentaban
a viajar de un sitio a otro,
para poder observar así
diferentes atardeceres,
cerrarse al contacto de
incomparables lluvias,
y entrecerrarse a fin de esquivar,
los distintos ángulos del Sol.
Debido a ellos,
el hermoso Príncipe
viajaba sin descanso;
cruzaba los mares,
surcaba los cielos,
tomaba, sólo, breves descansos
y continuaba viajando
sin rumbo, sin destino
y sin hacer planes definitivos.
Sus ojos anhelantes de conocer
lo subían, indiscriminadamente,
sobre distintos lomos,
caparazones y alas.
Si era una travesía acuática,
dependiendo de la distancia,
les bastaba un amable caballito de mar,
las aletas de un buen pez
o el cuello de un cisne
comprensivo y cordial.
Para recorrer, a gusto,
campos y caminos,
el gentil lomo de un camello,
o el de un elefante
con buen ritmo al andar.
Para alargar un recorrido,
la placidez de una tortuga
pensativa y sagaz
o un perseverante tigre,
en caso, de prisas
o urgencias que surgieran quizás.
Para volar, las alas
de una majestuosa águila,
las de una aventurera gaviota,
o unas suaves, de mariposa
con buena voluntad.
Todo medio de transporte era favorable,
para que el Príncipe incansable
complaciera a sus ávidos ojos
yendo de un lugar a otro, sin parar.
Un día una gatita,
que para él, era especial,
le preguntó:
¿alguna vez te detendrás?
Y él contestó que No,
porque ya no sabía,
vivir, la vida, como los demás;
había olvidado cómo
y, a decir verdad,
él ya no podía detener su periplo,
porque a pesar de amar,
él sabía,únicamente, viajar y viajar
y lo haría siempre, hasta el infinito,
sin mirar atrás.
que mezclaban en su esencia
matices de mar y cielo,
añoraban vivir intensamente,
contemplando cada espacio
del Universo.
Ellos habitaban,
en el bello rostro de un Príncipe
y desde ahí, lo alentaban
a viajar de un sitio a otro,
para poder observar así
diferentes atardeceres,
cerrarse al contacto de
incomparables lluvias,
y entrecerrarse a fin de esquivar,
los distintos ángulos del Sol.
Debido a ellos,
el hermoso Príncipe
viajaba sin descanso;
cruzaba los mares,
surcaba los cielos,
tomaba, sólo, breves descansos
y continuaba viajando
sin rumbo, sin destino
y sin hacer planes definitivos.
Sus ojos anhelantes de conocer
lo subían, indiscriminadamente,
sobre distintos lomos,
caparazones y alas.
Si era una travesía acuática,
dependiendo de la distancia,
les bastaba un amable caballito de mar,
las aletas de un buen pez
o el cuello de un cisne
comprensivo y cordial.
Para recorrer, a gusto,
campos y caminos,
el gentil lomo de un camello,
o el de un elefante
con buen ritmo al andar.
Para alargar un recorrido,
la placidez de una tortuga
pensativa y sagaz
o un perseverante tigre,
en caso, de prisas
o urgencias que surgieran quizás.
Para volar, las alas
de una majestuosa águila,
las de una aventurera gaviota,
o unas suaves, de mariposa
con buena voluntad.
Todo medio de transporte era favorable,
para que el Príncipe incansable
complaciera a sus ávidos ojos
yendo de un lugar a otro, sin parar.
Un día una gatita,
que para él, era especial,
le preguntó:
¿alguna vez te detendrás?
Y él contestó que No,
porque ya no sabía,
vivir, la vida, como los demás;
había olvidado cómo
y, a decir verdad,
él ya no podía detener su periplo,
porque a pesar de amar,
él sabía,únicamente, viajar y viajar
y lo haría siempre, hasta el infinito,
sin mirar atrás.
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