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lunes, 8 de mayo de 2023

 

La crítica

Escrito por María Alejandra Vidal Bracho

  Publicado en www.tualdea.cl

Lo único seguro en la vida, curiosamente, es la muerte.  Desde este entendimiento, cabe preguntarse: qué es valioso realmente y qué simplemente no lo es.  Siempre he dicho que el escenario físico de la vida es hermoso; amaneceres bellos, encantadores, ya estén pintados en tonos alegres, brillantes o grises, siempre están llenos de esperanza; atardeceres también matizados por colores hipnotizantes; mares, montañas, prados, lluvias ligeras, tormentas que obligan a buscar un refugio, brisas y vientos; diversos fenómenos de la naturaleza y, liderando todo, el misterio de la vida en seres diminutos y en los muy grandes también.  Aquí me detengo; me gustaría saber si, las tortugas se juzgan y critican cruelmente unas a las otras, o los elefantes, las moscas, etc.  Lamentablemente, los seres humanos, grupo en que nos ha sido designado nacer, hemos creado sociedades lapidarias, competitivas, exigentes, en que unos a otros nos calificamos y descalificamos sin piedad. Muchas personas dedican gran parte de su vida a: "buscar la paja en el ojo ajeno" actividad, lamentablemente, casi institucionalizada. 

 Qué significa la palabra crítica.  De acuerdo al diccionario crítica significa: “conjunto de opiniones o juicios que responden a un análisis y que pueden resultar positivos o negativos”.  Conforme; pero quién realiza este análisis, quién a través de sus filtros ha decidido sobre el valor y comportamiento del otro.  ¿Sabe esta persona de qué está hablando?            ¿Conoce esta persona la vida, la historia, que existe tras ese ser que ha caído bajo su mirada “crítica”? ¿Quién le ha nominado para emitir opiniones no solicitadas?

Como nuestras vidas, se desarrollan en un territorio de medidas y juicios de unos hacia los otros, qué queda por hacer para evitar el dolor.  Muchos dirán: “a mí, no me importa lo que digan.  Me da lo mismo”.  Bueno, ojalá sea así, pero hay otras personas a quienes sí les duele o molesta, este eterno ejercicio del análisis de las vidas ajenas; análisis y juicios que, por lo general, son duros y en muy contados casos de alabanza.

Si no queremos ser arrastrados y heridos por los juicios ajenos, debemos tener una férrea conciencia de nuestro valor único e irrepetible, de nuestra exclusividad existencial; nuestras huellas dactilares demuestran que somos todos diferentes.  Pero, a la vez, debemos recordar, nuestra condición humana que nos une, sin distinciones de ningún tipo. Desde este punto de vista, qué sentido tiene la crítica; se asegura que existe la crítica constructiva, pero sigue siendo crítica.

Si lográramos entender que todo es una programación, de acuerdo al lugar en que nacimos, a la familia que nos crio, a toda la información que fuimos recibiendo mientras nos desarrollábamos; podríamos intentar separarnos de    lo que aseguramos que creemos, en relación con todo; incluso, con nosotros mismos y entender, que los seres con quienes interactuamos están aquejados del mismo mal: una programación dolorosa y “criticona”.

Los inquisidores están por todos lados, esto es algo inevitable. Pero sin ánimo de ser vengativos, podemos pensar, que el peor castigo, para el que nos daña con sus juicios, es que tiene que vivir con su propio ser; soportarse a sí mismo mientras en su interior prepara el veneno que luego nos arroja.  En todo caso, esa persona está programada y herida, por eso actúa así, porque alguien con una mente equilibrada, sana, en paz, no necesita convertirse en el juez de los demás. 

Todos tenemos diversas opiniones en relación con todo, pero lo ideal es filtrar qué diremos y qué no, a fin de evitar dañar a los demás e incluso a nosotros, ya que, muchas veces, nos arrepentimos de lo que hemos dicho o comentado acerca de quienes habitan nuestro círculo de vida y luego sufrimos por partida doble, en el papel del verdugo y víctima de nuestras propias acciones. 

 


viernes, 7 de octubre de 2022

VIVIR ES UN ARTE

Video realizado por Omar Lavín M.

Publicado en www.tualdea.cl

Vivir es un arte y todos somos producto de nuestra historia; y qué es nuestra historia… pues no es más que un pestañazo en el mundo.  En un pestañazo arribamos y en otro, estamos despidiéndonos, para siempre, de la existencia terrenal.  Es tan breve el tramo de tiempo, concedido a cada uno, tan sucinto, que sería bueno vivirlo en un estado distinto al que generalmente acostumbramos. 

En primer lugar, creo que, para tener una existencia de calidad, es primordial, ante todo, aceptar la vida.  Pensar que, por algún motivo, desconocido para nosotros, algo superior a la unión de nuestros padres y completamente misterioso, decidió nuestra existencia.  Debemos aprender a vivir, conscientemente, en el misterio, porque la vida en sí es un misterio, en todos sus aspectos. El discurso que habita en nuestras cabezas y que, a veces, puede tornarse enloquecedor, no es nuestro verdadero yo. Oír este eterno monólogo, dentro nuestro, es inevitable, pero es entonces cuando debemos entender que: el ser que está escuchando, dentro de nosotros mismos, ese ser auditor y observante, ese es el más importante; ese es, quizás, el verdadero, el primario; no el que habla en nuestra cabeza. Y digo quizás, porque el misterio es tan insondable, que ni siquiera sabemos cómo es el verdadero ser interno que nos habita y gestiona nuestro camino. La prueba es, que la eterna palabrería de nuestra cabeza, no tiene todas las respuestas y además desconoce muchas cosas, tales como: cuánto tiempo viviremos o cuáles son las certezas en nuestros destinos; sólo por citar un par de preguntas sin respuesta.

El tiempo, el espacio y el ser, es todo lo que tenemos. Ocupamos un tramo de tiempo para existir, un espacio en que habita nuestro cuerpo, que no es otra cosa que el vehículo de nuestro ser.  Muchos son los seres, que viven hipnotizados por sus pensamientos; si éstos son positivos y edificantes, resulta grato observarlos, pero si son lo contrario, nuestro ser inerme, debido al estado absorto en ellos, sufre, se asusta y la mayoría de las veces inútilmente.

Todo lo que viene desde el exterior, influye en nuestro sentir. Somos permeables a los hechos y a los no hechos también; si nuestra ilusión se desvanece, el dolor se instala en nosotros y como nuestro cuerpo físico es un filtro de emociones, con gran frecuencia somatizamos nuestras frustraciones y penas en diferentes enfermedades y estados poco gratos y que empeoran aún más la situación.  Un resultado que se espera, con el que se sueña, una reacción del otro, una decisión del otro, un anhelo que depende de alguien más, que nosotros mismos; ese es el problema: esperar que venga desde fuera una circunstancia que supuestamente nos dará la anhelada paz y felicidad.  Pero ¿queremos ser felices, nos gusta la paz? Es una pregunta que debemos hacernos. En el autocuidado, deberíamos incluir la frecuente reflexión acerca de nuestros sentimientos más profundos; saber cuál es nuestra verdad, porque si analizamos las preferencias humanas, podrían ser citadas algunas como: los anuncios periodísticos sobre tragedias, muertes, atentados etc. que, de hecho, venden mucho más. Si uno de estos días cambia el tono de los titulares y leemos en primera plana: “hoy nació un hermoso bebé, sano con una mirada pícara, los padres están felices” o “Se vio una pareja de enamorados sentados en el parque; permanecieron durante 20 minutos, aproximadamente, contemplando el amanecer y luego se trasladaron a una cafetería cercana para desayunar” el público dirá: “¡pero esto no es una noticia! Y ¿por qué no? No alegra el alma saber que hay unos padres felices; o que unos enamorados disfrutaron de los colores del amanecer y luego de un rico desayuno, que pueden costearlo, que hay una cafetería que ofrece un buen servicio. Algo dentro nuestro está programado para devorar, ansiosamente, las malas noticias y con mucha menos avidez las buenas. Pero esto es una programación social, algo que se gesta dentro nuestro, mientras estamos creciendo. Por otro lado, está la compra de la felicidad y con esto me refiero a la publicidad en la cual se ven seres felices, disfrutando de usar ciertas prendas o consumir determinados artículos o alimentos y, entonces, se produce en nosotros el deseo de contar con lo que se promociona y de ser tan felices como quienes aparecen en el comercial que, en realidad, están siendo parte de un montaje destinado a tentarnos para salir a comprar lo ofrecido. 

Dentro de este bosquejo, estamos nosotros; por un lado, persiguiendo nuestra felicidad y por otro, relativizando la ajena, de acuerdo al marco en que nos la están presentando.  Si es una red social, que nos vende imágenes idílicas, soñamos con estar ahí, pero si se trata de informarnos a través del noticiero, el criterio es diferente.  

Sería muy sanador y equilibrante unificar nuestras preferencias.  Que lo pensado, lo sentido, lo deseado y lo dicho apunten hacia un mismo objetivo, y entonces, de ese modo, podamos, por fin, construir la anhelada felicidad y seamos, lo que siempre hemos debido ser: personas que la entienden como algo muy parecido a la paz y vivirla, en el eterno ahora, más allá de las adquisiciones y críticas que siempre, en este mundo, sólo vienen y van. 

LUNA (Poema)

  

Fotografía cedida por Omar Lavín Maldonado


Poema publicado en
SEGUNDA ANTOLOGÍA INTERNACIONAL DE POESIA SABERSINFIN

Luna
(autora: María Alejandra Vidal Bracho)
Estoy en deuda contigo,
te debo un poema;
yo, que vivo pendiente de tu compañía,
tengo, al menos, que dedicarte unas letras.
Colgada en el techo de la Tierra,
lideras con encanto las noches nuestras,
siendo siempre pródiga en magia, misterio y entrega.
Porque tú no haces divisiones entre terrícolas fronteras
y vives, iluminando senderos en el campo,
en calles elegantes y modestas;
para ti somos todos iguales
ya sea en tiempos de paz o de guerra.
Por mi parte, me gustaría
poder tejerte una bufanda suave, mullida, gruesa,
que te abrigue, con primor, en las noches frescas;
regalarte un abanico para las noches calurosas
y una cajita con rubor,
que te garantice un tono saludable
en las noches de fiesta.
Ser protagonista y primera actriz, cansa;
todas las miradas y las luces sobre ti,
el telón inapelable que se abre y tú inerme quedas
encantada en tu propio poder de hechicera;
administradora de magia,
que seduce a siembras y mareas,
bendice a los bosques, materializa deseos
alberga misterios, cautiva, acompaña y serena.
De la Tierra eres Diosa,
madre, amiga y compañera
viviendo frente a nuestros ojos
tu misterioso ciclo entre ser nueva y llena,
creciendo y menguando, mientras
juegas con la luz del Sol, que se proyecta
sobre cada tramo de tu cuerpo de reina.
Amante alerta y exclusiva de un rey,
encargada, cada noche, de velar el sueño en la Tierra
y aunque, a veces, nubes celosas te besan,
sigues desplegando tu ayuda certera
dispuesta a ser cómplice de quien lo requiera,
porque es imposible detener tu fuerza,
signada por los Dioses de la naturaleza;
y así, de la Tierra eres Diosa,
madre, amiga y compañera.

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Sonría lo estamos grabando

 

 

Fotografía cedida por Omar Lavín Maldonado



Sonría, lo estamos grabando”

Publicado en www.tualdea.cl
Escrito por: María Alejandra Vidal Bracho.
De seguro, más de alguna vez, han visto ese letrero que dice: “Sonría, lo estamos grabando”. La sonrisa sincera nace de un estado gentil en nuestro ser. Por lo mismo, muchas veces, cuando el dolor, el descontento o cualquier proceso negativo se instala en la mente y, en efecto dominó, avanza por el cuerpo envenenándolo, sonreír, se convierte en un acto difícil, por no decir, casi imposible de realizar. Pero existen seres que, a pesar de las penas y los contratiempos, sonríen. Y no se trata de una sonrisa falsa o forzada, por el contrario, es una sonrisa que brota de la ilusión, del amor, del deseo de mejorar y de cambiar las condiciones desfavorables, o bien surge por el agradecimiento al pensar en lo que aún consideran grato y bueno. Por otro lado, están las personas beneficiadas con destinos mimados, a quienes los ha rodeado siempre la buena fortuna y, a pesar de este excelente escenario, viven sus días con un rictus amargado y descalificante.
En esta red de átomos, denominada mundo, las vibraciones cultivadas, por los pensamientos y acciones causan ondas expansivas que pueden ser de tipo positivo o negativo y, por ende, crean o destruyen de acuerdo a su génesis. Si analizamos la sonrisa, los expertos dicen que los primeros beneficiados somos nosotros mismos y podemos comprobarlo; si hacemos la prueba y sonreímos, en soledad, notaremos como el cuerpo se relaja, la respiración se armoniza y descansamos en nuestra propia sonrisa. El simple hecho de contemplar un idílico paisaje, oír una pieza musical agradable, o rememorar un bello momento vivido, nos provoca sonreír e inmediatamente podemos notar como un interludio de serenidad nos invade. Si nuestra sonrisa, unida a nuestra mirada, se posa sobre la faz de otro ser humano, por lo general, instintivamente, éste reacciona y recibimos, de regreso, su sonrisa contagiada por la nuestra y, por un momento, un suave lazo cordial nos une a esa persona, que muchas veces ni siquiera conocemos, porque ha sido sólo un encuentro fortuito, si es que existen los encuentros fortuitos, ya que quizás, realmente, todo está diseñado para evolucionar y debíamos coincidir para regalarnos mutuamente esa sonrisa.
Así como hidratamos, con frecuencia, el cuerpo, aunque no tengamos sed, porque sabemos que es beneficioso para disfrutar de una mejor salud, tal vez sería favorable intentar, de manera consciente, sonreír más asiduamente, para lograr sentir esa paz; y si no tenemos una razón que nos estimule a sonreír, buscarla, con verdaderas ganas de encontrar, con ahínco, y algo aparecerá y nos motivará. Ese algo podrá estar cercano a nuestra vista o bien morar en los recuerdos o surgir de nuestra imaginación, pero, de seguro, gracias a nuestra tenacidad, se asomará.
Y cuando veamos, nuevamente, ese letrero que dice "Sonría, lo estamos grabando" sonreír; en serio sonreír, porque esta advertencia es absolutamente cierta, ya que, en verdad, nos están grabando; nos graba la existencia, el espacio en que respiramos cada día, la gente que nos rodea y sobre todo graba el propio espíritu y cada célula de este cuerpo que habitamos mientras experimentamos la vida, durante este tramo de tiempo, misteriosamente, regalado a nuestro ser.


lunes, 30 de mayo de 2022

El viaje de Pablo

 


(Breve cuento dedicado a Juan Pablo López Aranda)
Autora:  María Alejandra Vidal Bracho

Pablo se quedó dormido y descendiendo a las profundidades de su ser, inició un viaje exclusivo y maravilloso, durante el cual fue visto en muchos sitios, según pudo comprobar, con posterioridad, a través de los relatos de diferentes testigos, que lo vieron, sin dudar.  Pero, en un momento impensado, en mitad del viaje, su corazón se detuvo para examinar el entorno, porque quería indagar en el misterio de su destino y misión.  Ante esta situación, todo el sistema universal se puso en alerta; se tenía que actuar con suma rapidez, porque el corazón de Pablo se rehusaba a continuar el viaje, hasta que supiera, con certeza, todo lo que él se empeñaba en aclarar. Como primera medida, el Universo llamó a una yatiri, mujer sabia, que le indicó, con toda la fuerza de la naturaleza del norte, que debía seguir latiendo, que el viaje debía continuar.  Con esta información, la esencia de Pablo se movió hacia el centro de su tierra chilena, y llegó a la Araucanía; allí una mujer mapuche le reveló, lo mismo, que aún no era tiempo de parar. Los diferentes fractales de Pablo, se diseminaron por todo el país, lo recorrieron a lo largo y ancho, cruzaron las fronteras, surcaron los mares, ávidos de comunicar, la buena nueva de la segunda oportunidad.  El cuerpo de Pablo aparentaba dormir, pero en su interior bullían la vida, los viajes y los encuentros con seres prodigiosos. En este periplo, siguió viajando hacia un centro energético que lo atraía, como un imán poderoso, luego, se detuvo el tiempo y fue interrogado; la energía le preguntó, si elegía su vida o la de otro ser y entonces, él decidió dejar este plano, le pareció lo más justo; la energía conmovida, con su generosidad, se estremeció y Pablo descansó; luego sopló sobre él, una brisa austral que lo lanzó en caída libre hacia la Tierra, pero en el trayecto fue socorrido por los brazos de un ser alado vestido con ropajes negros, que con ternura lo salvó y acurrucó, protegiéndolo del daño; ambos fueron guiados, con seguridad, hacia tierra firme. Una vez allí, el ser alado lo entregó al regazo de otra mujer; era una mujer más añosa, quien lo recibió y se presentó ante él como la última kawésqar; ella lo invitó a beber agua de una vertiente que estaba bajo su custodia; con sus propias manos, usándolas como cuenco, sació la sed de Pablo. Luego apareció en escena otro ser; una mujer con rasgos y vestimentas orientales y le entregó a Pablo un saco de semillas, de las cuales él apartó una porción que, en un trance mágico, llevó hasta el domicilio de un sabio profesor amigo, quien las recibió emocionado y le manifestó, que debía continuar, repartiendo semillas.  Pablo retornó con las mujeres, que aún lo esperaban junto a la vertiente de agua. En contemplación, esta vertiente, ícono de la vida, era observada y provocaba fascinación. Pero la mirada de Pablo se expandió, también, hacia el horizonte y, en ese momento, es cuando él percibió una presencia nueva y poderosa.  Una presencia que le hizo sentir protegido, seguro y amado; era un gran tigre dientes de sable, que se había ubicado detrás de él y que, a través de una comunicación distinta a los canales tradicionales, le confirmaba, que aún debía seguir en este plano y que él le acompañaría, con su fuerza, hasta el último día de este tramo del viaje y Pablo colmado de una conciencia nueva, despertó.

Todos somos Pablo y vamos en diferentes tramos del camino y en distintos estados.  Cada uno con una misión exclusiva, porque nadie ocupa el lugar de otro.  La energía se dispersa para permitir la existencia y mueve a los protagonistas con sabiduría.  Solamente debemos permitir que la vida tome las riendas, no hay mejor guía.  “Todo es para bien, todo es para mejor”, dicen los sabios y es verdad. El corazón de Pablo, se detuvo para examinar su entorno; quería indagar en el misterio de su misión; por otro lado, su alma, presa de amor a la vida encarnada, lo trajo de regreso al plano tridimensional y la vida también presa de amor por él, le dijo: “aún debes permanecer aquí”.

 



Redención

 


(Autora: María Alejandra Vidal Bracho)

Han descalificado su talento, su belleza, su destreza, pero es una niña y la corona de espinas ha sido puesta sobre su cabeza y le hiere la frente. Los inocentes oídos creen todo lo que escuchan y los ojos dilatados por el veneno se angustian ante la visión de ogros indestructibles. Oídos y ojos infantiles, inmaduros para comprender, que estos juicios carecen de fundamentos. Una niña y el dolor sembrado en su mente. Siendo ya adulta, en su interior, muchas veces, la niña coronada de espinas, nuevamente, llora. ¿Cómo consolarla? 

Relacionarnos, balsámicamente, con el pasado es indispensable para poder crecer bien, pero la receta suele ser difícil de surtir y en muchos tramos del camino, gotas de sangre transparente empapan el rostro; la corona de espinas sigue ahí. Ante esta alerta, se deben tomar cartas en el asunto y buscar ayuda: medicinas, información, grupos humanos dispuestos a socorrer para mejorar la condición dolorosa.  Jamás debe normalizarse el dolor y vivir con el semblante cubierto por una máscara alegre, mientras, como dice el dicho: "la procesión, va por dentro".  Tenemos derecho a vivir una vida sin traumas con cicatrices borradas de las cuales nos quede, solamente, el aprendizaje; saber que todo era inmerecido; no importa de quiénes hayan surgido las descalificaciones, eran sus creadores los equivocados. Terminado el proceso de cura, los hilos de certezas positivas, son materia prima para tejer guantes protectores que permiten, con las propias manos, quitar, por fin, la corona de espinas para siempre.

 


sábado, 28 de mayo de 2022

 




Perritos

Autora: María Alejandra Vidal Bracho

 (Dedicado a Lautaro Raimundo) publicado en sitiocero

 

Es bello despertar al compás del sonido de unas pisadas acolchonadas, que se acercan a uno, escoltadas por una colita que se mueve en loco vaivén para saludar con una naricita fría y húmeda, coronada por ojos llenos de simplicidad. Quien ha compartido parte de su vida con un buen perro, conoce lo que es el amor. Para los perritos, en el diario vivir, nuestra llegada, siempre es una fiesta, saltan y corren felices por el encuentro, somos su mayor alegría, su persona favorita, y acurrucados en nosotros su dicha es total; si estamos contentos, se alegran, si estamos enfermos, lo entienden, si los regañamos, nos perdonan y no nos guardan rencor alguno; si habitamos una casa fabulosa y luego, por algún infortunio, en una casa en ruinas quedamos, ellos nos siguen amando a pesar del rotundo y desfavorable, cambio de escenario.

La vida de los perros es corta y quizás está bien que sea así; con un poco de suerte, sus padres humanos pueden cuidarlos durante toda su existencia terrenal y a pesar del dolor de la separación al final de sus días, tendríamos que quedarnos con la paz de la tarea cumplida.  No es fácil vivir el momento en que debemos despedir a una mascota, la separación es demasiado dolorosa y nuestro mundo cambia para siempre, porque ahora falta un actor en nuestras vidas y todo lo vivido junto a este amado pequeño ser se tiene que transformar sólo en un recuerdo; sus travesuras, su mirada, la contención dada en los momentos difíciles, su cariño entregado sin pedir nada a cambio.  

El amor de los perritos es un amor, que en una relación, sí cumple con ser fiel en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza y nos aman todos los días de su vida hasta que la muerte nos separa de ellos. Todo lo que ven nuestros ojos y lo que experimentamos en este plano de la vida, viene desde el vacío inteligente y creador, a ese mismo vacío van, con seguridad, de regreso nuestros amados perritos fallecidos y ojalá el día en que seamos nosotros quienes debamos partir hacia ese vacío, los encontremos ahí, esperando, como antes, nuestra llegada y vivamos, otra vez, la dicha de verlos correr a nuestro encuentro, moviendo la cola y saltando de alegría,  por el sólo hecho de vernos y así podamos nuevamente abrazarlos y en sus tiernas pupilas reflejarnos.